Antes de centrarnos en sus diferencias, conviene entender que ambos vehículos comparten la misma filosofía básica.
Tanto un ETF como un fondo de inversión reúnen el dinero de numerosos inversores para construir una cartera diversificada.
Gracias a ello, con una única inversión puedes obtener exposición a:
- Acciones de diferentes países.
- Bonos gubernamentales y corporativos.
- Materias primas.
- Sectores económicos.
- Estrategias temáticas.
- Mercados desarrollados o emergentes.
En ambos casos:
✅ Existe una entidad gestora profesional.
✅ Los activos están custodiados por una entidad independiente.
✅ El patrimonio del fondo está separado del balance de la gestora.
✅ El valor de la inversión depende de la evolución de los activos subyacentes.
Por tanto, desde el punto de vista económico, ETF y fondos persiguen exactamente el mismo objetivo: permitir que un inversor participe en una cartera diversificada sin necesidad de construirla por sí mismo.
La diferencia más visible entre ambos productos es su forma de negociación.
Los fondos de inversión
Los fondos tradicionales no cotizan en bolsa.
Cuando un inversor desea entrar o salir de un fondo:
- Realiza una orden de suscripción o reembolso.
- La gestora la procesa.
- La operación se ejecuta al valor liquidativo calculado al cierre del día.
Esto significa que el inversor no conoce el precio exacto al que comprará o venderá hasta que finaliza la jornada.
Los ETF
Los ETF sí cotizan en bolsa.
Funcionan de forma similar a una acción.
Durante toda la sesión bursátil puedes:
- Comprar.
- Vender.
- Consultar precios en tiempo real.
- Introducir órdenes limitadas.
- Ejecutar operaciones de forma inmediata.
Esto aporta una mayor flexibilidad operativa para quienes desean gestionar sus inversiones con más precisión.
